La escucha profunda
Marco de acción desde los cuerpos
La escucha profunda o Deep listening, práctica creada por la compositora Pauline
Oliveros, se basa en la escucha como modo de trabajar la observación, la atención, la conexión
corporal interna y externa. Pauline Oliveros (1932-2016), es una de las figuras más influyentes
en la música desde mediados del siglo XX. Reconocida mundialmente como pionera de la
música electrónica, además de compositora, intérprete y profesora, ha dedicado su vida a
desarrollar y enseñar Deep listening. Esta praxis se propone como una forma de escucha, casi
una meditación, que afecta profundamente a la manera de estar en la vida y, por tanto, a
nuestros procesos de aprendizajes, de creación y de educación.
Estamos rodeados de ondas complejas. El sonido genera ondas complejas en nuestro
cuerpo y en nuestra mente. Se trata de sonidos que pasan desapercibidos a nuestra escucha la
mayor parte del día. Pero, ¿y si decido escuchar de otra manera, atentamente, con todo mi
cuerpo? Y si decido traer toda la conciencia a la atención, a la escucha, ¿cómo afecta a los
procesos de aprendizaje y de imaginación colectivos? Resonando con la pregunta que nos lanza
Marina Garcés (2021) sobre cómo queremos ser educados, ¿cómo queremos escuchar en
nuestros procesos de aprendizajes?
¿Qué sucede en el ámbito de la educación artística cuando empezamos a trabajar la
escucha y la activación de otros niveles de atención/ percepción? ¿Qué sucede en nuestros
cuerpos docentes/ estudiantes? Cuando escuchamos de manera profunda pasamos a formar parte
de nuestro entorno, a ser un continuum espacio temporal con lo que nos rodea y con nuestro
paisaje sonoro cotidiano (Schafer, 2013). No estamos separadas de, sino que tomamos una
conciencia mayor de la interdependencia de los cuerpos (Haraway, 2019) y nuestra
potencialidad como sujetos sónicos (Voegelin, 2010).
Si entendemos la educación artística como un marco de acción desde el que generar
procesos de aprendizaje reales, esta se nos presenta como una metodología posible para
desencadenar procesos de transformación en el ámbito educativo. Si entendemos por
metodología un enfoque o una manera de hacer las cosas que es fruto de la experiencia en
contextos docentes (Bal, 2018) y no un proceso de didactificación, la docencia basada en las
artes permite agrietar contextos, trabajar a través de materiales y experiencias que siguen su
curso hasta ser terminados (Dewey, 2008), generar acontecimientos y dispositivos de
desplazamiento performativos (Rozas, 2015) de los cuerpos en el aula, es decir, «máquinas de la
verdad» que nos dejan entrever, al margen de contenidos teóricos, la práctica educativa que
conforma nuestro papel como estudiantes y profesores. Entendemos como performativas las
experiencias que nos permiten poner de manifiesto las metodologías educativas que hemos
interiorizado (Blanco y Cidrás, 2023) y llevado al cuerpo (Soto, 2024), entendido como
territorio que pone en relación nuestra identidad e interioridad, con todo lo que está afuera de
nosotros y nosotras, a través de la escucha, los sentidos de percepción la mente y los
conocimientos que vamos adquiriendo.