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Revista de Investigación y
Creación artística
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Ordinario VI
Octubre 2022
Investigación
ISSN: 2659-7721
DOI: https://dx.doi.org/10.48260/ralf.6.117
Introducción
La historia de la transexualidad en las sociedades occidentales, por lo
menos durante los últimos cincuenta o sesenta años, ha sido una historia de
aislamiento, rechazo, exclusión y ostracismo. Forma parte de la naturaleza
del sistema social de sexo y género que se activen los mecanismos de la
expulsión de las personas transexuales de una forma automática. La propia
familia colabora en el rechazo y la expulsión de las niñas y los niños
transexuales si no los acepta, los acompaña, los educa y si no les
proporciona la posibilidad de que se puedan realizar de una forma plena en
una sociedad libre. (Gavilán, 2018, p. 9)
Esta realidad se materializa en la actualidad en un rechazo injustificado
hacia la diferencia que rompe con la norma establecida en cuestión de
género y sexualidad (Monleón, 2019). Por ello, se considera necesario
promover un discurso social a través del que se haga visible la existencia de
dicho colectivo y la necesidad de preservar sus derechos universales con
tolerancia y respeto.
Se recurre a la idea de arte como experiencia (Dewey, 2008) o de la
potencialidad que presenta esta área para transmitir ideas, causar unas
reacciones en quienes lo consumen y promover un cambio social que parte
del cuestionamiento y de la crítica hacia la realidad (Huerta, 2010; Alonso-
Sanz, 2013). “Las artes nos ofrecen una especie de licencia para profundizar
en la experiencia cualitativa de una manera especialmente concentrada y
participar en la exploración constructiva de lo que pueda engendrar el
proceso imaginativo” (Eisner, 2014, p. 21). Concretamente, se procede a través
del ensayo visual como método (Ramon, 2017; Alonso-Sanz y Ramon, 2020;
Marquina-Vega, Núñez-Murillo y Hernani-Valderrama, 2018).
El arte nos ayuda a comprendernos a nosotros mismos y a comprendernos
en relación con los demás. Asimismo, nos ayuda a conocernos, a saber cómo
somos, a reconocer cómo nos gustaría ser, y a detectar cómo nos ven los
demás. Por eso la educación en las artes se escribe y se comparte mediante
un modelo de discurso mucho más poético, utilizando engranajes que
admiten las imágenes, los cuerpos, las dudas y los silencios. El arte permite
transformar la sociedad y dejar constancia de nuestros deseos personales e
ilusiones colectivas. (Huerta, 2019, p. 23)